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Galeria la Aurora

 

La Verdad. Sábado 2 de junio de 2012.

 

«Los pintores no somos folclóricos que nos debemos a nuestro público»

 

El prestigioso creador plástico Jordi Teixidor inaugura el jueves, en el Palacio Almudí de Murcia su exposición 'Travesía'

 

Jordi Teixidor, fotografiado en su estudio. La semana que viene expone en Murcia.

:: JOSÉ SÁNCHEZ

 

LA EXPOSICIÓN

'Travesía':

Palacio Almudí. Murcia. Inauguración: Jueves (7 de junio). 20.00 h.

'Obra reciente':

Galería La Aurora. Inauguración: Miércoles (6 de junio). 20.00 h.

 

«Nuestra civilización está yendo hacia atrás. Temo el acercamiento a posiciones radicales por parte de salvadores de la patria»

 

Suenan de fondo unas campanas invisibles. Por lo demás, todo es silencio a su alrededor. Un silencio luminoso pintado de negro, un silencio donde habitan el pensamiento y las óperas de Richard Strauss, un silencio que se prepara para asistir al final de un tiempo espeso que se consume en sus torpezas. Rodeado de silencio, Jordi Teixidor (Valencia, 1941), pintor de prestigio y fructífera trayectoria, y miembro ilustre de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, habla con 'La Verdad' con motivo de 'Travesía', la exposición que el próximo jueves (7 de junio), a las 20.00 horas, inaugurará en la Sala de Columnas del Palacio Almudí de Murcia, donde podrá ser visitada durante todo junio. Quince hermosas y sobrias obras -casi desnudas por completo, expuestas sus almas al vacío y al vértigo- integran la muestra, rotunda y de una humilde elegancia que inquieta, que está organizada por la Fundación Murcia Futuro. Un día antes, el miércoles (6 de junio), la galería murciana La Aurora, que dirige José Fermín Serrano, inaugurará también la muestra 'Obra reciente'. Jordi Teixidor por partida doble.

 

Hay un poema de Antonio Gamoneda (Premio Cervantes 2006), 'La luz hierve debajo de mis párpados', que le gusta especialmente a Teixidor, cultivador del buen gusto, la templanza y el cuidado de los pequeños detalles. «De un ruiseñor absorto en la ceniza, de sus negras entrañas musicales, surge una tempestad», dicen unos versos de este poema que encierra un mensaje que al pintor valenciano le resulta inspirador: «Todo es presagio». Todo es presagio e incógnita, y sombras a caballo y futuros sin rostro. En 'Travesía', Teixidor muestra algunos óleos de sus series 'África' y 'La joie de vivre', y obras que nos adentran en 'La confusión de los días' (2001) y en otros mundos imaginarios: derrotas, lluvia negra, batallas que ganar, espacios vacíos tan misteriosos y frágiles como la piel o como una gota de sangre. Qué razón tiene Miquel Molins cuando dice, a propósito de la pintura de Teixidor: «Para una mirada distraída, puede parecer que casi no es nada, pero de esta casi nada realiza una exquisita poesía». Hay en 'Travesía' un paisaje de ausencias que te atrapa, desolación y fuego escondido. Y no suenan las campanas.

 

«Conmigo mismo tal vez sí que viva en paz, pero en mi relación con los demás me angustia la idea de no ser justo, de no saber corresponder justamente a las personas y de no estar a la altura de los momentos en que vivo», dice el creador plástico. Tiempos desesperantes, tiempos quebrados. «Vivo estos malos tiempos con lucidez, y por lo tanto los vivo con pesimismo», aclara. Con pesimismo e «intentando entender qué es lo que está pasando».

 

-¿Y qué está pasando?

-Desde mi punto de vista, y por encima de todo, lo que está sucediendo es que se está acabando un tiempo; el tiempo en el que vivimos está llegando a su fin. Incluyo en este tiempo un sistema que ya no funciona y, también, una manera de entender el arte que ya tampoco nos sirve. Todo está cambiando y nos acercamos al final. Y en este tránsito hacia ese final son abrumadoras la falta de rigor y de ética en muchos de los comportamientos, tanto públicos como también privados. La falta de ética es tremenda.

 

A Jordi Teixidor, «la injusticia me desasosiega mucho, y también me resulta descorazonador en lo que ha llegado a convertirse la política». Recuerda que «la política era, en esta Grecia que ahora tanto nos hace sufrir, la apuesta por el ser humano, por la lucidez, por la inteligencia, por la democracia...; todos esos conceptos del valor estético y moral de la política han desaparecido; desde luego, los políticos actuales no los tienen».

 

-¿Y la cultura?

-También está muy herida. La cultura, entendida como algo que nos ayudaba a comprender la vida, a apreciarla y a disfrutarla más; la cultura entendida como algo que nos ayudaba a llegar con hondura a lo que es el sentido de la existencia, de la humanidad y del progreso, ha ido desapareciendo. Ha ido desapareciendo y se ha ido convirtiendo, y creo que de esto somos todos un poco culpables, en un elemento controlado y manipulado más por un sentido del espectáculo, del comercio y del valor económico, que por un sentido de lo espiritual, de lo humano. Y como consecuencia de esa cultura corrupta, allí donde ésta incide fundamentalmente, que es en la civilización, pues estamos retrocediendo. Nuestra civilización está yendo hacia atrás.

 

Cree Jordi Teixidor que «estamos perdidos, desilusionados, y nos haría falta algo que nos pudiera ilusionar». Pero, cuidado: «Esperemos que estemos atentos a los posibles líderes populistas que puedan surgir, algo que resultaría muy peligroso. La historia ha demostrado que la aparición de determinados líderes en plena crisis puede conducirnos a apoyar a personalidades que luego resultan ser completamente nefastas, terribles».

 

Personalmente, Jordi Teixidor asegura encontrar consuelo en el pensamiento: «En la medida en que me he ido haciendo mayor, encuentro mucho más consuelo en la reflexión, en el pensamiento, en el conocimiento. Yo diría que, en estos momentos, la mayor satisfacción no me la producen ni siquiera la pintura o el arte; la mayor satisfacción me la produce el reflexionar, el pensar, y eso es lo que intento hacer, por supuesto siendo consciente de mi ignorancia».

«El recorrido de una idea a través de las líneas del pensamiento y del análisis, me parece de una belleza tan elegante como la que se puede encontrar en cualquier obra de arte», afirma el artista, que encuentra alegría, por ejemplo, «cuando en un concierto conectas con el compositor, o cuando en un museo lo que allí se muestra te hace reflexionar, o cuando la gente cumple con su obligación, o cuando un político logra hacer una reflexión que te aclara la situación. Encuentro la alegría cuando consigo sentirme satisfecho con un comportamiento humano».

 

A Teixidor, para quien la travesía, al igual que para Juan Eduardo Cirlot, simboliza «el esfuerzo de superación y la conciencia que lo acompaña», le da miedo «el acercamiento a posiciones radicales por parte de salvadores de la patria». En cuanto al paso del tiempo, sostiene que «hay una cosa bonita en el hecho de hacerse mayor: si te has preocupado por aprender y por progresar, si te has exigido cada vez más y has sido crítico contigo mismo, acabas sabiendo más. Yo sé más ahora que antes, y ese saber más, ese conocimiento, me hace que, por ejemplo, con mi propia pintura sea mucho más exigente que nunca. Mis cuadros salen ya tan depurados del estudio- desde el punto de vista del pensamiento y de la reflexión-, que a estas alturas yo sé muy bien cuando una obra funciona de verdad y cuando no».

 

Querer mucho

Hay tiempo para el pensamiento -y sus laberintos y sus aventuras- y lo hay también para la ternura. Somos cuerpo y mente: «La ternura estaría asociada a la sencillez y a la naturalidad. Y yo tengo muy claro que hay que darle mucha importancia a la humildad y la sencillez, porque la humildad es, sin duda, el camino de la inteligencia. Yo quiero mucho a determinadas peronas, pero reconozco que hay que saber querer y que no sé yo hasta qué punto sé hacerlo del mejor modo posible. Intento, más que querer mucho, querer bien. Y me siento querido, algo por lo que me siento afortunado. Y desde luego que pongo mis trampas y mis medios para que me quieran, ¡claro que hago lo posible para que así sea!: trampas, astucia, coquetería, ¡yo qué sé!». (Risas).

 

-¿Qué espera de los espectadores de sus obras?

-Que piensen, que cuando vean mis cuadros piensen, aunque ese pensamiento les lleve a rechazarlos. Aunque, vamos a ver, no los tengo muy en cuenta. No nos debemos a ellos, los pintores no somos folclóricos que nos debemos a nuestro público que tanto queremos y tanto amamos. No nos debemos en absoluto a ellos, pero sé que van a estar ahí y lo que quiero es que reflexionen. Me gustaría provocarles, si se paran el tiempo suficiente delante de un cuadro, una reflexión. No una emoción, que también, sino una reflexión.

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