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Galeria la Aurora

 

La Verdad. ABABOL. Sábado 12 de mayo de 2012.

Autorretratos sin ego

Una de las serigrafías de Saura, en La Aurora.

Saura no asigna a cada imagen un papel determinado, ni un rostro concreto

Las serigrafías de Antonio Saura que exhibe la galería La Aurora es una serie de singulares autorretratos, basados en fotografías que Carlos, su hermano, hizo al pintor. Ponerse a estas alturas a redescubrir cualquiera de las obras del conocido artista es un riesgo innecesario, porque, además, estas serigrafías son harto conocidas, al haber sido expuestas en otros espacios y porque se muestran en la fundación que lleva el nombre del pintor.

 

Aún así, la presencia de 'Moi' -que tal es el título de la serie- si merece un comentario, que ojalá pudiera ser certero y comprensible, debido a que la figura y la obra de Saura siguen vigentes, con la fortaleza propia que despiden los grandes creadores. No puede afirmarse que se trate, como al parecer se ha escrito, de un afán narcisista del pintor; más bien, habría que aludir a una ocasión oportuna y a un ejercicio más en el uso de los pinceles. Si se tratase de una acción de egolatría, el pintor hubiese procurado un modo de expresión posiblemente más perfeccionista. Pero se trata -otra opinión recogida- de una 'deconstrucción' de imágenes, de una ruptura constante que, salvo en alguna de las obras expuestas, queda lejos de la búsqueda de la belleza artística 'per se'. Por una parte, Antonio Saura sigue inmerso en la esquematización del blanco y negro; y por otra, se aferra a sus maneras de pintar. En alguna serigrafía, sí aparece el real Saura, pero que apenas se deja transmitir.

 

La exposición parece un conjunto de trazos elementales, como unas rayas imprescindibles, necesarias; como esquemas, sobre los que se han de erigir otras realidades. Existe la clara intención de demostrar que, a través de los exclusivos trazos, se puede dar vida a unas formas sobre las que se levantarían unas figuras, más ajustadas al contexto.

 

Hay una clara presencia de un mundo imaginativo, porque Saura no busca con exclusividad el parecido. Al fin y al cabo, hay muchos rostros para retratar; lo difícil es saber dar a esas imágenes la proyección de que, tras lo que ocultan, se esconde el vitalismo vivo del arte vivificado. Sí, todo es vivir, que es lo principal. Y lo que se quiere es dar vida, pero sin dar preferencias y sin asignar a cada imagen un papel determinado, ni un rostro certero.

 

La ruptura de las líneas que conforman esas imágenes es un modo de proseguir en ese surrealismo, de plasmar el afán imaginativo sobre el que Saura volcó muchas de sus apetencias artísticas, subyugado por el cambio y el movimiento. Él decía que estas serigrafías eran antiformas, antirretratos. Dentro de la 'abstracción sauriana' se percibe un ritmo y un destino en la ejecución. A veces es como un sentimiento que brota de la impaciencia, de la inquietud, y hasta de la agonía ante una realidad que se trasforma y se rompe, en función de la visión personal. Como en estas litografías.

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