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Galeria la Aurora

La Verdad. Sábado 7 de marzo de 2009.

 

Las metáforas de Yagües

 

Las obras de Pepe Yagües son creaciones que surgen «en un universo plácido»

 

 

 

PEDRO SOLER Como afirma Gontzal Díez, en el texto del catálogo, la obra de Pepe Yagües precisa «concentración, reposo y lenta digestión». Y es que no siempre será fácil para el escultor captar el origen de unas obras, realizarlas con atrevidas formas y asignarles esos mensajes, esas comprensiones que siempre afloran, bajo el bautismo de cada de ellas. El hecho de que todas aparezcan con su título no ha de entenderse únicamente como un método para facilitar al espectador la comprensión, sino para demostrar que ese ingenio que el autor vuelca sobre sus trabajos adquiere una mayor amplitud.

 

Ahora nos llega, en la Galería La Aurora, la exposición denominada Apotropaico, palabra que entraña, en general, «un gesto, una expresión o un objeto que se utiliza para alejar un influjo mágico maligno». Lo que, por tanto ha hecho Yagües, ha sido convertir sus obras en modernos objetos que recojan aquellas leyendas o autenticidades de épocas pasadas. Junto a estas premisas básicas en torno de la obras expuestas, de este artista siempre surgen otros objetos o signos muy significativos, extraídos de la que podríamos llamar su respetable trayectoria. Se trata de la presencia del minotauro, que puede aparecer, con dudosas intenciones, descansando sobre las rodillas de un desnudo femenino postrado, o convertido en baboso caracol. Como Gontzal Díez también indica, la función del minotauro es actuar como un «feliz intruso» en la obra de Pepe Yagües, y que se comporta de modo muy variado, con signos de aparente violencia, pero también con gestos relacionados con una picaresca, que hacen sonreír.

 

En la escultura de Yagües lo de menos, a mi entender, ha sido la voluminosidad, la grandeza de la obra. Lo más interesante y atrayente puede ser el sentido de actualidad que gusta ir aplicando, para entroncar cada una de sus piezas, en la problemática de cada momento. Es un modo de sujetar al espectador, de hacerlo partícipe de lo que el propio autor siente y realiza. Pero no puede olvidarse el ingenio que también va derrochando de modo descubierto o taimado, con trabajos cargados de sueños, con reproducciones de viejos mitos, que soportan con honor su vuelco de mundo que vivieron a este en que se reflejan.

 

Permanece en las sucesivas muestras de Yagües el sentido erótico que ha querido aplicar, como un elemento más, en el juego y en el significado de muchas de estas y de otras obras precedentes. Aunque habría que señalar que se trata de un erotismo superado por el significado preciso de cada ocasión o por una dosis de humor perceptible fácilmente. Y si no se se le quiere calificar como erotismo de humor, sí como desprovisto de propósitos escandalizantes, porque su finalidad no es sembrar escándalo, sino estar presente como una parte necesaria en numerosas obras.

 

Abarca la exposición, como también señala Gontzal Díez, un conjunto de creaciones -ícaros, caballos de Troya, nalgas sonrientes de diosas, falos felices, guerreros desbocados, medias lunas como cunas para dioses ...- que siempre surgen «en un universo plácido» con un significado concreto y aplicado a una situación. Y además, como queda dicho, con un mensaje metafórico, pero fácilmente comprensible.

 

FOTOS DE FRANCESCA WOODMAN, EN ESPACIO AV 

Indiscutible: son espléndidas las fotos de Francesca Woodman que se exponen en Espacio AV. Pero lástima que sean tantas, y en pequeño formato, cuando, por muy amplia que es la sala, sus paredes se hubieran cubierto con bastantes menos. Dicen que tamaño montaje de la exposición obedece a una exigencia de los propietarios de las fotografías. Será verdad.

 

Francesca -quien se suicidó a los 22 años- es protagonista principal, como autora y como personaje captado. Ella es la que se fotografía, no con «una actitud narcisista», sino para mostrar una autoinvestigación del cuerpo femenino casi siempre desnudo. Las poses, las miradas, las sombras, el detalle de una parte del cuerpo supone un estudio distinto para mostrar cómo dentro de una desnudez constante, emerge una belleza que no necesita más artilugios que la sinceridad de las formas. Lo mejor es que, por encima del hecho de que se trata de fotografías esencialmente estudiadas, se impone un clima de sinceridad, porque la estética de las formas supera el artilugio de lo preparado.

 

No cansa ver la espléndida belleza de la fotos, pero agota la dificultad que entraña satisfacer el deseo de verlas todas. También, junto a esa belleza, no puede olvidarse que existen pretensiones distintas de inmortalizar el significado de las fotos. Aunque son desnudos en actuaciones muy diferentes, no se impone la necesidad de mostrar un sentido erótico, sino un proceso de naturalidad o un mensaje transformado, en función de la pose que el desnudo adquiera, junto a la labor que las manos desempeñen. Hay quien opina que el modo de hacer de Francesca Woodman «ni está idealizado, ni está cargado de significados específicos». Es difícil entender que no exista un resquicio por el que no se filtre un ansia de aplicar al insistente desnudo algo más que servir de modelo.

 

En las fotos de Francesca, la estética supera el artilugio de lo preparado

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