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 La Verdad

 

Cantos al optimismo y a la primavera

'Oda a Gaudí. Mi Vespa', de Javier Mariscal/
'Oda a Gaudí. Mi Vespa', de Javier Mariscal 
PEDRO SOLER

La serie de litografías de Javier Mariscal, en galería La Aurora, quiere ser -o es, en su mayor parte- un canto al optimismo. Y esto puede captarse por muchos motivos. Algunas ya llegan bautizadas con títulos tales como 'El brindis', 'Qué buena es mi mamá a la luz de la luna llena' o 'La alegría de vivir (Oda a la alegría)'. Pero, al margen de los títulos, es el contenido el que nos hace ver que son piezas llenas de multiplicados colores y de gestos colmados de positivas miradas, de picaronas sonrisas o de originales juegos infantiles.

Estas obras son una manifestación bien visible de la maestría que Mariscal siempre ha demostrado, en su trabajo de dibujante y de diseñador, que pudieran haber avanzado -y lo habrán hecho- hacia otros campos más plena y reconocidamente artísticos. No se pretende decir con esto que la serigrafías expuestas no alcancen categoría artística, porque hay que reconocer, ya desde el principio, que en cada una de ellas su autor ha ido dejando las altas dotes que le asisten como un dibujante, que ha dirigido su vida artística a unos métodos más livianos de expresión. De la maestría que Mariscal siempre ha demostrado quedan pruebas evidentes en las series de cómic, que ha desarrollado a lo largo de su trayectoria, en las que ha ido confirmando un afán creativo, con posibilidades de competir con la creatividad que otros artistas quieran revelar en distintos planteamientos. Además, demuestra una capacidad expansiva que recorre campos muy diversos, siempre con el interés por descubrir algo, por aportar una novedad, que, por intrascendente que fuere, dispone de capacidad para encandilar al espectador.

En la exposición se contemplan imágenes muy distintas y diferenciadas, en las que los protagonistas multiplican sus actuaciones, con la intención de que las escenas no sean meras reproducciones de una visión, sino que también agilicen los contenidos y se conviertan en actitudes llenas de movilidad. Otras veces, son los paisajes o los interiores los que aparecen como espacios con un sentido concreto y con una intencionalidad expresiva, en los que las luces y las sombras desempeñan una función primordial. Al mismo tiempo, los colores juegan un lógico, pero también importante, papel, porque Mariscal, en esa variedad de obras expuestas, aplica los comportamientos cromáticos con acierto, sea para reproducir interioridades o para reflejar la luminosidad de un acontecimiento callejero. En unos y otros casos, parece que se trata de escenas, que el autor ha vivido o que ha encontrado en sus más cercanos contornos. Pero también exprime su mente para ingeniarse no pocas singularidades (recuerden aquel famoso 'Cobi', que sirvió de mascota en los Juegos Olímpicos de Barcelona, de 1992, y que levantó polvaredas, porque quiso dar rienda suelta a su sentido de la originalidad). Como también se advierte en la variedad y contenidos de la exposición actual, Mariscal desempeña una labor de plena libertad interpretativa y reproductora. No se atiene a unas normas, que puedan reducir su capacidad expresiva, ni tampoco exime a sus piezas de una llamativa lindeza. Son obras que incita al optimismo, al juego, pero también a la reflexión.

Las litografías de Javier Mariscal, en galería La Aurora, demuestran su maestría como dibujante y diseñador

En los balcones

Y, si se comentaba ese canto al optimismo demostrado por Mariscal, también puede comentarse el canto a la primavera, a través de la serie de cuadros que, desde la misma calle, pueden contemplarse en el Palacio de Santa Quiteria. Son obras que aparecen en los numerosos balcones que contornean el edificio. En esta 'Estación Primavera' se reúnen las obras de catorce artistas murcianas, realizados durante la celebración de 'La mudanza', ese mercadillo del arte, que acaba de ver la luz en la barriada de Santa Eulalia, y que se quiere convertir en una fiesta coincidente con la llegada de cada una de las estaciones del año.

Los paisajes y floraciones que contornean el palacio de Santa Quiteria se asemejan a una explosión de color

Abierta con 'Floración en Cieza', obra de una autora tan reconocida como Carmen Artisgas, la exposición resalta, de modo especial, por su vibrante cromatismo. El color es una constante, que conjuga definitivamente con el ambiente primaveral, porque la primavera y las floraciones se convierten en tema de obligado cumplimiento. Obras bautizadas como 'Primavera flamenca', 'Primavera en femenino' o 'Sonata en primavera', dan idea del contenido mayoritario de las piezas expuestas, convertidas en paisajes, que también contienen rasgos de arriesgada originalidad. Inma Escudero, Concha Martínez Montalvo, María Joaquina Sánchez Dato, Guillermina Sánchez Oró, Sofía Tornero, Belén Pereñíguez, Gelu Pérez, Ana Piñera, Noemí Yepes, Santí García Cánovas, Clara Ledo, Andrea Lopardo y Eva Mauricio culminan la relación de expositoras, en una experiencia que lleva camino de convertirse en arraigada práctica.

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