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En el auto de papá...

Miguel Canseco, a la izquierda, durante la inauguración de su exposición 'El niño es el padre del hombre' en la galería murciana La Aurora; a la derecha, el pintor Ángel Haro./
Miguel Canseco, a la izquierda, durante la inauguración de su exposición 'El niño es el padre del hombre' en la galería murciana La Aurora; a la derecha, el pintor Ángel Haro.

El escultor Miguel Canseco expone en la galería murciana La Aurora su 'Coche 1'. El artista extremeño, que vivió en la huerta de Murcia durante años, regresa para mostrar la instalación 'El niño es el padre del hombre'

ANTONIO ARCO

 

Un ángel desplegaba sus inmensas alas mientras sobrevolaba el pequeño jardín de la casa de huerta murciana en la que vivió durante años Miguel Canseco (Puebla de Sancho Pérez, Badajoz, 1961). Junto al ángel, una pareja se besaba apasionadamente y una gitana no dejaba de bailar girando sobre sí misma. Pues bien: ángel, amantes y bailaora eran de hierro, uno de los materiales con los que no deja de investigar el escultor y pintor, y con el que construye móviles ante los que está prohibido permanecer estáticos. Pero, tras su etapa en Murcia- «me instalé allí porque me gustaron su luz y su gente»-, hace ya casi una década que el escultor y pintor se marchó en busca de otras aventuras. Hoy, Canseco reside feliz en Gerona, si bien en Murcia continúan viviendo algunos de sus mejores amigos. Llevaba años sin mostrar su trabajo en esta ciudad, por lo que exponer en la galería La Aurora algunas de sus últimas creaciones está siendo para él «una experiencia emocional y artística que agradezco muchísimo».

Exposición: 'El niño es el padre del hombre'.

Artista: Miguel Canseco.

Dónde y hasta cuándo: Galería La Aurora. Murcia. 16 de junio.

Hasta el 16 de junio, La Aurora expone su 'Coche 1', un viejo Renault 4 convertido en un espacio artístico donde se dan la mano pasado y presente, sensibilidad y dureza, utilidad y poesía. Un coche bordado, transformado en un reino de celosías, un juguete para adultos... «Si te subes en él, parece que lo haces en una nube», dice Canseco, que tardó 33 días en intervenir -cara al público y subiendo diariamente fotos del proceso a las redes sociales- el vehículo que ahora se expone en La Aurora formando parte de una instalación en la que también defienden su protagonismo festivos dibujos de mujeres y hombres desnudos, danzando, acariciándose, buscándose, conociéndose para bien o para mal.

El coche intervenido está vinculado a su infancia. «Recuerdo cuando era pequeño: viajando, viendo el mundo, la vida, desde dentro de un coche como éste». Esta creación, que podría parecer inspirada en 'El auto de papá', la canción que popularizaron Los payasos de la tele -quien no se acuerde de Fofó que acuda a un psicoanalista-, surge sin embargo de un extracto de un poema que William Wordsworth escribió en 1802, 'Cuando contemplo, mi corazón salta'. «Este poema abarca todas las ideas que me fluyen en torno a la pieza», cuenta el artista. Del poema citado son estos versos: «Mi corazón salta cuando contemplo / un arco iris en el cielo: / así fue cuando mi vida comenzó; / así es ahora que soy un hombre; / así será cuando envejezca, / ¡o me deje morir! / El niño es el padre del hombre; / y desearía que mis días estén / uno a uno ligados a la piedad natural».

Esa idea de que «el niño es el padre del hombre» conmueve a Canseco y pone en órbita su cerebro, que a su vez dispara su creatividad. Y, más en concreto, su deseo de «transformar un objeto cotidiano en una pieza de arte». Trabajar, de alguna manera, sobre el viaje de la vida.

Recuerdos

«El coche que elegí fue un Renault 4L F6, un coche muy utilizado en España durante mucho tiempo. En 2014, precisamente, cumplió 50 años en el mercado», explica. «Un coche generacional donde muchos de nosotros hemos pasado una parte de nuestra vida; en su interior hemos hecho de todo: viajar, comer, dormir...», añade. Decorado como si de una pieza cerámica se tratase, «sus trazos geométricos dan forma a las ensoñaciones, los recuerdos, los pensamientos y los caminos recorridos por ese niño que fui», precisa Canseco.

-¿Qué fue lo más difícil?

-Fortaleza y sutilidad tenían que acoplarse bien. Pretendía casi convertirlo en transparente. Las celosías, las figuras geométricas, las espirales...; representan caminos hacia el interior, caminos recorridos, decisiones tomadas, experiencias vividas, ¡las vueltas que da la vida! Trabajar en tres dimensiones no es fácil, ni que cautive el juego de luces y sombras. Quería que conviviesen los reflejos metálicos del hierro con los azules del cielo y el verde de los árboles.

«Más que los resultados, me interesa investigar, darle vueltas a las posibilidades del material en movimiento y de la luz y las sombras incidiendo sobre ellos», dice Canseco, a quien no le gusta teorizar sobre su obra -que crea a partir de cristales, cerámica, barro, madera, acero...-, motivo por el cual no se ha preocupado de pulir un discurso para captar el interés de galeristas, patrocinadores, medios de comunicación o comisarios artísticos.

«No soy ambicioso, pero sí un pésimo negociante y relaciones públicas de mí mismo. A cambio, me encantan los retos y me encanta que lo que hago me vuelva loco», reconoce Canseco, quien en el Murcia Joven de Artes Plásticas 1991 consiguió el Premio de Escultura. La dureza de sus propuestas y su habilidad en el manejo del hierro impactó al jurado.

El artista se mueve permanentemente en un terreno fronterizo donde conviven sensibilidad y fortaleza. Siempre hay algo misterioso en sus obras, algo que el espectador debe descifrar y que evita que sus propuestas caigan en la comodidad de la evidencia. El escultor solo es evidente cuando huye de las poses: «Yo no sé bien qué es eso del artista comprometido y de las obras comprometidas. Yo no denuncio nada, ni quiero cambiar el mundo con mis obras; hago lo que a mí me gusta y espero que le guste a la gente, a todo el mundo».

Sus propuestas han sido múltiples: hombres de hierro a tamaño natural, desposeídos de alma y sin rostro, seres anónimos; perros del mismo metal cuyos ladridos no incomodan a nadie; móviles de todos los tamaños y complicaciones, siempre dispuestos al juego, a la participación y a integrarse en los espacios donde son colocados para disipar el aburrimiento. Móviles que se sirven del sentido del humor -'Bailaora', por ejemplo, ironiza sobre el tópico español-, o que despiertan el interés por el mundo de las sombras. Un amigo le dijo sobre 'Coche 1': «¡El 'cuatro latas' más bello del mundo!». Canseco se ríe. El artista Ángel Haro le recuerda, fascinado: «La belleza crece con las vicisitudes».

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