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De niños que son padres, a canasteras y maternidades

'Con viento de otoño', escultura de González Beltrán.

Debiera de ser el propio autor quien explicara con exactitud por qué la exposición aparece bautizada como 'El niño es el padre del hombre', aunque quizá no es necesario incluir estos requerimientos, muchas veces intrascendentes. Lo que atrae, sobre el título, son las obras que Miguel Canseco oferta en galería La Aurora; aún más: lo de mayor interés es el trabajo realizado en cualquiera de los espectáculos presentes, porque lo que parece conseguir el autor, más que piezas de arte, son atracciones, lógicamente artísticas. Contémplese, en primer lugar, la vieja estructura de un auténtico automóvil, con su chapa atravesada por miles de espacios vacíos, por pequeños orificios, con los que Canseco ha realizado lo que podría definirse como un lento, pero precioso trabajo de orfebrería, que ha desembocado en una obra de arte de singulares características. Es algo con lo que el artista quizá ha consentido el paso del tiempo con paciencia infinita, hasta conseguir lo que pretendía: formas en espiral, celosías, flores, ventanas..., que para los demás parecen como una respuesta a una causa desconocida. Es un modo preciosista de convertir esa chatarra en vía de desguace en una monería visual, en una obra trabajada con un entusiasmo y una dedicación inusuales.

Esta pieza central está acompañada en la exposición de alargadas tiras de dibujos, impregnadas exclusivamente de la presencia de la figura humana. Hombres y mujeres, en su desnudez, se van sucediendo, como en un constante ejercicio de relajación, sin recurrir a planos obligatoriamente eróticos, pero que sí demuestran la placidez del encuentro, la armonía de la existencia. Hombres y mujeres parecen vivir una inconfundible etapa de felicidad sin quebrantos.

Los cuadros de más normales tamaños no son más que partición de una de estas tiras, en las que Miguel Canseco también demuestra que no ha querido apelar al mundo del dibujo, como si de un ejercicio natural se tratase. Por esto, ha recurrido a su afán creativo, para conseguir una obra trabajada, en la que, precisamente por su tamaño, la dificultad para su terminación se agranda.

Una de las cuestiones que no debieran dejarse escapar es la recuperación que el artista hace, por muy contemporáneo que sea, de un estilo que evoca la grandeza del trazado más clásico y de la belleza más renacentista. Son imágenes, que, en su movilidad y en su relajamiento, se nos presentan como escorzos de grandes obras clásicas.

'Memoria del viento' 

Las esculturas que González Beltrán presenta en el Casino de Murcia, en la exposición 'Memoria del viento', es, como reconoce el propio autor, una evocación del pasado. Por esto, las canasteras parecen imágenes sacadas de otros tiempos, mientras que las maternidades superan las épocas. Pero no parece que sea al paso del tiempo lo que refleje con mayor apropiación la obra de este escultor, que, en su prolongada trayectoria, se ha ocupado de realizar figuras muy variadas, que también han penetrado en el mundo de la comicidad y de la mitología.

Lo que domina en la obra de González Beltrán es la presencia humana, transformada gracias a esas series en las que recurre a una trabajada figuración, especialmente en el rostro de las imágenes, que, a instancias propias, se va desfigurando a lo largo de unas líneas corporales conscientemente menos elaboradas, como si buscase ofertar al cuerpo una mayor liviandad en el tratamiento, y dejase abiertas las puertas para otro método interpretativo. Se unen así figuración y libertad expresiva, de modo que esas esculturas humanas se convierten el eje sobre el que giran todas las posibilidades que el autor quiere dar a sus obras.

La exposición responde a una 'idea luminosa', como reflejada queda en la situación de las propias esculturas. Por una parte, debido a su ejecución, disponen de zonas que aparecen como espacios para que la luz las envuelva; pero, además, en esta ocasión ocupan una amplia zona del Casino, que permite que la luz natural penetre a través de las cristaleras, con lo que ese connivencia de luminosidad se completa de modo evidente.

Lo de 'Memoria del viento' tiene su explicación, porque, como se lee en el catálogo, «las imágenes avanzan en un movimiento que incorpora la figura a su entorno y lo sostiene, siempre a través del viento que ofrece la continuidad con el espacio». El conjunto es una selección de obras -entre 1998 y 2011-, que indica la insistencia de González Beltrán en unas normas estéticas irrenunciables y en la sujeción a unos personajes con los que él demuestra su plenitud artística.

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