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Belleza de lo inservible y de lo natural y desconocido

'Colmado en La Ciénaga'./
'Colmado en La Ciénaga'.

En La Aurora, Ángel Haro demuestra su capacidad creativa con esculturas hechas con lo desechable | Las fotografías de Juan Ballester en la República Dominicana, expuestas en el Archivo Regional, documentan sorprendentes situaciones

PEDRO SOLER

Más de una vez se habrá escrito que de Ángel Haro puede surgir cualquier sorpresa artística, como ha surgido, a propósito de 'Le bizarre', la exposición que presenta en Galería La Aurora; pero nadie debiera sorprenderse, si se conociera la trayectoria de este artista, que sabe enfrentarse a situaciones muy distintas y alterna su presencia con cambios, que pueden incluso parecer desconcertantes, aunque, en realidad, no tienen por qué serlo.

En la exposición de La Aurora lo que predomina es el conjunto de esculturas en madera, realizadas con retales de útiles muy caseros, que cualquiera hubiese desechado. Podría decirse que otros autores nos han ofertado pantagruélicas piezas realizadas con similares complementos desechables, pero que en absoluto encierran el escrupuloso acabado que Haro ha sabido aplicar a sus esculturas. Cualquiera puede decir que la diferencia monumental de las piezas de uno y otro sería motivo, harto suficiente, para sopesar los impedimentos que obligan a un resultado de mayor o menor finura definitiva.

Lo interesante se basa en la fijación que es preciso expandir sobre cualquier obra de Haro, para comprobar que el autor ha sabido precisar lo que ha querido hacer, incluso aunque esas piezas puedan parecernos juguetes infantiles, que, pese a todo, se muestran adobados de una lúcida confección. Saber aprovechar esas menudencias, que componen cada pieza, hasta convertirlas en piezas escultóricas, denota el sentido artístico que ha sabido aplicar. Tampoco puede decirse que este ejercicio reconstructor sea una novedad, porque siempre se ha mostrado como un espontáneo realizador, sin plantearse si cada paso es una ruptura o es un avance. Incluso parece fácil advertir la seguridad que manifiesta en lo que quiere hacer, lejos de teorías ajenas a sus expresiones y sentimientos artísticos. Lo que hoy no le vale, mañana lo recupera, seguro de que encierra unos valores que él mismo no ha sabido ver en un momento determinado, pero que, posteriormente, y aunque supusiera leves retoques y cambios, encierra unos valores artísticos. Es una recuperación de la creatividad que en Ángel Haro fluye como un sentimiento espontáneo y constante.

La exposición se complementa con una serie de cuadros que se confabulan con las esculturas, porque también son obras hechas a base de recortes de cartones o de incrustaciones de trozos de tablas y listones, y completadas con líneas y manchas. Son bagatelas acumuladas en los recipientes de desechos, de los que se han salvado, para convertirse en conjuntos adobados de una estética de corte surrealista, pero que parecen querer convertirse en original formalismo visual.

'La Española', en el Archivo Regional

Sería conveniente, en ciertas ocasiones, conocer la opinión de los propios autores sobre su obra, para que el crítico o comentarista actuase con la mayor precisión. Y esto se afirma a propósito de la exposición de fotografía, que bajo el título 'La Española', que presenta Juan Ballester en el Archivo Regional. Es que, ateniéndonos a la opinión del autor, no estamos ante presumibles obras de arte, ni siquiera ante envolturas artísticas, sino ante documentos que cuentan un viaje o una experiencia vital. Por el contrario, también hay quien opina que la fotografía es una faceta, que está alcanzando unas cotas inesperadas, dentro del variado ambiente del arte universal. De hecho, actualmente, es frecuente comprobar cómo tres o cuatro exposiciones de fotografías se disputan la atención en las salas de la capital, sin que pase mucho tiempo en el que la conclusión de una no engarce con la presencia de otra.

Al margen de estas consideraciones, lo cierto es que las fotografías de Juan Ballester están impregnadas, si no de ese sentimiento artístico que el autor no desea inyectarles, sí de una belleza connatural; y, también, de un sentido testimonial, difícilmente olvidables. Quieren ser documentos cotidianos de atractivas visiones, al adentrarse por derroteros infrecuentes, en los que el asombro sirve de motivación, de polo atractivo, para captar inesperadas imágenes. Pueden parecer la excentricidad de lo desconocido, aunque, en caso de el espectador conociera los lugares, servirían para demostrar esa mezcla de belleza de lo ordinario, mezclando espacios, personajes y situaciones.

Se mire con cualquier objetivo o desde cualquier ángulo, las fotografías de Juan Ballester están marcadas, de modo bien visible, por una larga experiencia y por un afán de captar cuanto de interés sucede a su alrededor. Además, actúa siempre movilizado por un interés, que podría definirse como innato, hacia todo lo que en su opinión puede transmitir una emoción o servir de reclamo ante un evento cotidiano. Aunque el propio autor se muestre tajante en eludir la definición artística, aplicada a sus fotografías, hay que reconocer que ofertan un atrayente y un reflexivo perfeccionismo.

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