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02-02-2014 03:00
 
 
 

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Descender a los infiernos

El lucense Roberto González expone, en la galería La Aurora de Murcia, diecinueve imágenes de su serie 'La escalera de Jacob: Intrusos', realizadas a través de composiciones fotográficas digitales
Pedro López Morales

Una escalera aparece en la totalidad de las 64 fotografías alteradas que forman la colecciónJacob´s Ladder: Intruders, y de ellas, 19 instantáneas adulteradas se pueden contemplar en la galería La Aurora.

Las fotos, a modo de fantasmagóricos collages manipulados, han sido impresas en papel somerset de 330 gramos, todas a tamaño de 77 por 115 centímetros, y reveladas por el propio autor en su laboratorio. Roberto González Fernández (Monforte de Lemos, Lugo, 1948) cursó estudios de Bellas Artes en la Escuela de San Fernando de Madrid; en 1977 decide trasladarse a vivir a Edimburgo y desde 1982 reside alternativamente entre la capital escocesa y Madrid. Su logros artísticos, en 1984, le hacen obtener una beca del The New York Foundation for the Arts. La primera vez que muestra en público su trabajo de forma individual sería en 1967 en la sala Artes de La Coruña.

El pasado jueves, ese mismo día inauguraba muestra fotográfica, La escalera de Jacob: Intrusos, en la galería La Aurora de Murcia y se desmontaba la exposición con obras pictóricas, La isla de los Muertos, colgadas en la sala Espacio 48 de Santiago de Compostela. El artista asiste a la presentación de sus 19 fotos conceptuales en la galería murciana, y nos citamos con este lucense para que nos comente su compleja forma de narrar historias, de plasmar en papel su universo onírico construido con diversidad de símbolos sobre escenografías -casi- maquiavélicas, que anteriormente fueron exhibidas durante 2011 en el Festival PhotoEspaña, en Madrid.

Mensajes en clave

Cuando te detienes ante las obras y escuchas las explicaciones que Roberto González pronuncia sobre cada fotografía, comienzas a descubrir el mundo fantástico desde donde se instalan las creaciones de este autor y descifras algunos de los mensajes en clave que se integran de manera inusual, como un juego de escapismo de invención continua.

Y en cada imagen-cuadro figuran una escalera, un personaje camuflado que representa al bíblico Jacob del Génesis, y una estructura arquitectónica que nos traslada a un espacio escénico, en el cual González se atreve a inscribir (modificado) un texto en grafiti que encontró pintado sobre una pared de un edificio de Edimburgo: ‘Teatro de un puñado de tontos’, aunque el artista confiesa a esta redacción que en la escritura original se podía leer ‘gilipollas’ en lugar de ‘tontos’.

Nos detenemos ante un cuadro que a un servidor le recuerda otra escena bíblica, y se confirma la duda porque el título de la obra es Escalera de Jacob a la Última Cena (2009), en donde aparecen trece individuos en torno a una gran mesa, sobre la que uno de ellos (Dios) deposita peces que saca de un bolsillo, él y los otros doce hombres (los apóstoles) bien podrían ser unos trileros o mosquetas procediendo a juegos asociados a la estafa.

En la supuesta celebración entre Dios y sus discípulos, en la foto segunda aparece el personaje que interviene de intruso, es un joven (san Juan) ataviado con sudadera de cuadros con capucha… y hasta otro predilecto (san Pedro) es un pobre mendigo borracho y durmiendo en el suelo, según señala el autor. No sé yo si estas obras tendrán cabida en las salas del Vaticano, o tal vez sí. Todo es cuestión de proponerlo.

Después de hacer un recorrido pausado por la sala de exposiciones con González ejerciendo como magnífico Cicerón, imaginas al artífice de estas fotografías en el momento de unir fragmentos de imágenes que ha ido capturando para después fundirlas acopladas a escenarios irreales, de atmósfera circense, habitados por algunos seres insólitos y fantasmas de los sueños; quienes, en ocasiones, se convierten en intrusos, ocupando un lugar preferente sin tener derecho a su presencia, pero el ‘montajista’ fotográfico les otorga un papel protagonista. Incluso, el propietario de la galería La Aurora, José Fermín Serrano, se cuela como el ‘intruso’ en una de estas obras impregnadas de tintes pictóricos y surrealistas, en donde la realidad y la fantasía se alían para establecer intencionados «lugares peligrosos y proscritos».

El historiador de arte y viajero convulsivo Javier Mazorra, ha dicho que «de pronto surgen docenas de imágenes almacenadas a lo lardo de muchos años en un inmenso archivo para dar rostro a la otra cara del Ajedrez, del Trivial Pursuit, del Cluedo, del Senet, del Go o del Mahjong, pasando por la baraja española, el dominó o el parchís». El patriarca Jacob, en un sueño imaginaba una escalera por donde los ángeles ascienden y descienden del cielo; pero la escalera que se incorpora en la trama ficticia que crea González es lugar de tránsito al pecado, al sexo, a la confusión, al asesinato, al vicio, a la guerra, a la corrupción… o simplemente es una manera de acceder a la parte más compleja de la mente que intenta encubrir el ser humano por frustración y miedos.

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