Una patada al aburrimiento. La Verdad. Miércoles 12 de febrero de 2012. - galerialaaurora

Una patada al aburrimiento.

Una cruz en una obra de Tàpies no deja de ser una señal en el mapa de la sorpresa

GONTZAL DÍEZ |Siempre trato de sorprenderme a mí mismo», decía Antoni Tàpies, y siempre fue fiel a ese precepto visual y vital. Lo que pintaba Tàpies era un complejo mundo en continua transformación, un interrogante incesante; no hay manchas sino metamorfosis en sus obras. Un espacio para la sugerencia. Tàpies es misterio y frontera. Diálogo constante entre los objetos y el espacio, el cielo y las raíces. Un mundo en el que todo tiene cabida y todo forma parte del laberinto; todo forma parte de un gran registro cultural en el que también entran esos objetos insignificantes y cotidianos que tanto le atraían y obsesionaban: pies -tan humildes, tan cercanos y tan olvidados-, calcetines, sillas, camas, cajas, mesas, huellas, manos, letras, las iniciales 'A' y 'T', incisiones, números, cruces, garabatos.

Una cruz en una obra de Tàpies no deja de ser una señal en el mapa de la sorpresa de quien conocía el alfabeto de las estrellas y el abecedario del suelo.

El último encuentro en Murcia con la obra de Tàpies tuvo lugar este verano en la galería La Aurora, con una amplia colección de obra gráfica entre los años 1960 y 2003. Tàpies se enfrentaba al papel como si fuera una tapia, otra más; otro espacio por comprender y conquistar. En la memoria queda la gran muestra que se pudo ver en Las Claras de la Fundación Cajamurcia a finales de 1999, con algunas obras esenciales y muy significativas. En el catálogo de aquella exposición escribía Valentín Roma que el objetivo del artista catalán era «ensanchar lo real y ensancharnos a nosotros mismos».

Para mirar a Tàpies, el pintor escritor de letras y números, también hay que leer al escritor pintor: «La pintura puede serlo todo. Puede ser una claridad solar en medio de un soplo de viento. Puede ser una nube de tormenta, puede ser la huella de un pie de un hombre en el camino de la vida, o un pie que ha golpeado el suelo, ¿por qué no?, para decir ¡basta! Puede ser un aire dulce de alborada, lleno de esperanza, o el aliento agrio que despide una cárcel. Puede ser las manchas de sangre de una herida, o el canto en pleno cielo azul, o amarillo, de todo un pueblo. Puede ser lo que somos, el hoy, el ahora y el siempre. Yo os invito a jugar, a mirar atentamente, yo os invito a pensar». Ese es su gran legado. Todo un reto, o mejor tres desafíos de quien construyó su obra como una gran patada al aburrimiento.

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