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La Verdad. Sábado, 9 de abril de 2011.

Van Dyck y Moore, dos mitos

    

'La Virgen y el Niño', dibujo de Van Dyck, y 'Mother and child XXII', aguafuerte de Henry Moore.

La Galería La Aurora expone bocetos del gran escultor inglés que posteriormente iría materializando. 

:: PEDRO SOLER

Encelados con 'La Virgen y el niño con los pecadores arrepentidos', el sorprendente cuadro asignado -de modo definitivo- a Van Dyck, es preciso levantar vuelo para ocuparse también de las restantes obras que ofrece la exposición que actualmente puede contemplarse en el Centro Cultural Las Claras, de la Fundación Cajamurcia. Es que el 'Eco de Van Dyck' -así se la ha bautizado- no puede limitarse a la novedad de una obra, que gana en novedad y mérito, pero que, a estas alturas, poco engrandece el nombre, la categoría y la trayectoria del insigne pintor flamenco.

Quiérese decir, simplemente, que estamos ante una breve colección de obras de primera clase, ya que llevan estampado el sello del ilustre artista. Y cuando llega no una, sino varias y notables piezas, merece la pena insistir en la majestuosidad del conjunto.

De acuerdo en que, sobre obras de nuestro museo más cercano -el de Bellas Artes de la calle de la Trinidad- también se encuentran los nombres de Senen Vila, Orrente, Madrazo, Sorolla…, pero se trata de nombres que, en ocasiones, no disponen de la internacionalidad, ni del mérito que pudiera arrogarse Van Dyck. Tampoco, en lo referente a éstos u otros nombres de solvente calidad, existe una representación tan densa como la que se nos ofrece con esta exposición. Y si además, en la relación de obras expuestas, la ya citada e insistida acaba de dar la vuelta al mundo, por uno de esos aconteceres de las falsas atribuciones y asignaciones terminantes, mucho mejor.

De Van Dyck deben hablar los entendidos, porque son los más capacitados para definir a este «superdotado de las artes», al «joven prodigio» y a quien se asigna «un gran perfeccionismo» en sus retratos. Pero, además, -lo afirma Matías Díaz Padrón, el descubridor de la autenticidad de esa obra de ecos mundiales- Van Dyck fue, pese a su nacimiento flamenco, «el mayor prestigio a la pintura inglesa del XVII, con repercusión en los siglos que siguen».

La exposición de Las Claras está integrada por obras de corte religioso, tan 'usuales' en los tiempos vividos por el pintor, y en las que predomina una viveza entusiástica de los colores.

En los cuadros de Van Dyck, muy significativos en la búsqueda de esos trances religiosos que evoca -estampas tan clásicas en la saga cristiana como 'La santa cena' o 'Cristo y la mujer adúltera'-, se encuentra la majestuosidad del momento, pero no parecen limitados a unos personajes concretos y a un acto determinado. Emociona la contemplación que trasciende al título de la obra, porque son otros los protagonistas que completan la estampa del conjunto, y los objetos que, aunque parezcan abandonados a su suerte, conforman una visión que multiplica el contenido.

También brota, como una envoltura imprescindible pero naturalizada, el ramalazo paisajístico que ilumina las escenas religiosas que el pintor ha querido llevar al lienzo.

En 'La Santa cena', por ejemplo, un precioso bodegón yace indiferente ante la mesa. En 'Martirio de San Sebastián', un atrayente paisaje envuelve y magnifica la cruel escena. Cada cuadro es un múltiple recorrido sobre un camino único.

Grabados 

Lo más atrayente de Henry Moore es que cualquiera de las etapas que se le asignan provocan un interés constante por su obra. Es, quizás, el signo que distingue a los grandes artistas: saben navegar en cualquiera de los mundos que su imaginación les ofrece. Y de ellos surge la novedad de sus realizaciones y la demostración de que son conocedores de lo que hacen.

El gran escultor inglés -otra gran novedad en Murcia, gracias a los grabados que muestra Galería La Aurora- se expandió por igual en las vanguardias mas osadas y en la figuración más tradicional, porque acaso no quiso desdeñar la admiración que sentía y las influencias que quiso adquirir de los grandes mitos del Renacimiento.

Los grabados que se muestran en La Aurora dejan claras las cercanías figurativas de Moore. Son como dibujos y bocetos de obras que, posteriormente iría esculpiendo, dentro de su amplio campo estilístico de escultor. Tienen la bondad de lo que puede definirse como hermoso, de escenas colmadas de serenidad.

Si se quiere, no estaría de más contrastar algunas de las conmovedoras escenas de corte maternal que aparecen en los grabados de Moore y en los lienzos de Van Dyck, salvando las distancias correspondientes.

Una cosa es el boceto a lo largo del siglo XX y otra, el lienzo culminado durante el siglo XVII. Acaso, en uno y en otro se pueda advertir la delicadeza magistral, a la hora de recoger circunstancias que conllevan la misma esencia, aunque los siglos la separen. 

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