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El Mundo. Miércoles 29 de junio de 2011.

Valladolid acoge la obra gráfica inédita

del escultor Henry Moore

 

Una de las obras de Henry Moore en la exposición de Las Francesas.

| M. Álvarez

- Maternidades, paisajes y abstractos protagonizan los

dibujos del artista.

- El británico creó emblemáticas obras para plazas de

Toronto o Londres.

Cristina San José | Valladolid. Desde la tierna figura de la madre y su hijo hasta la abstracción más vanguardista, el escultor británico Henry Moore (1898-1986) creó una completa obra gráfica que ahora recoge una exposición en la sala de Las Francesas de Valladolid hasta el día 21 de agosto.

Con imponentes esculturas en lugares tan emblemáticos como el rascacielos Toronto City Hall o junto a la Cámara de los Lores en Londres, el artista es considerado "uno de los escultores más significativos de la segunda mitad del siglo XX y uno de los más cotizados", según explicó el comisario de la muestra, José Fermín Serrano Peña [Director de La Galería de Arte La Aurora].

A Valladolid ha viajado esta ocasión la obra gráfica hasta ahora inédita en España. Más de 50 grabados en los que aparecen referencias a la campiña inglesa, con piedras y árboles que se repiten en sus series. No faltan las maternidades, una de sus creaciones estrella y también hay en la colección imágenes de su hija. "Su mujer tuvo varios abortos y para Henry Moore fue muy importante tener descendencia, de ahí que también dibuje a su hija".

Uno de los apartados que más impacta al espectador se encuentra en la serie de las manos. Como indicó Serrano Peña, es habitual que los creadores dejen reflejadas sus propias manos, como ya hicieron Picasso o Chillida. Por último, se aprecian los reconocidos abstractos y sus típicas cuevas.

Grabados que recuerdan la obra de Goya, Rembrandt o Durero, como señaló el comisario. "Utilizó el grabado como boceto para su obra escultórica y son unos documentos muy interesantes que apenas se conocen".

Sus primeras esculturas se caracterizan por el arcaísmo y en ellas se encuentran ya sus temas más atractivos, como la figura yacente o la madre con su hijo. Pronto sintió la llamada del surrealismo, que aplicó tanto a la figura humana como a la naturaleza.

En 1946, coincidiendo con una retrospectiva de su obra en el Museum of Modern Art de Nueva York, nació Mary, su hija, por lo que la vida doméstica familiar se convirtió en la clave de su creación. En 1948, la Biennale de Venecia le concedió el Premio Internacional de Escultura, lo que consolidó su reputación internacional.

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