La variedad de Fotoencuentros. La Verdad. Sábado, 5 de febrero de 2011 - galerialaaurora

La Verdad. Sábado, 5 de febrero de 2011.

La variedad de Fotoencuentros

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A la izquierda, una de las obras expuestas en el Centro Cultural

Las Claras; otra de Carmen Baena, en la galería La Aurora.

 

CRÓNICA DE ACTUALIDAD

PEDRO SOLER

 

Los autores se aproximan a fenómenos que podríamos llamar festivo-cotidianos

 

La fotografía muestra sus posibilidades de enaltecer momentos ordinarios

 

Desde su primera edición, Fotoencuentros se ha ido abriendo caminos acertados para mostrar las cualidades que cada uno de sus integrantes encierra. Son muchos los autores que han dejado salir al aire sus obras para ofrecer al espectador un cúmulo de modos de ver variables y atrayentes. Insistir en las formas y finalidades de cada de las exposiciones sería una función excesivamente prolongada; pero citar, aunque sea levemente, cada una de las pretensiones de los numerosos autores se hace con el deseo de dejar constancia de que existe una intencionalidad muy variada, acompañada además de una notoria calidad artística.

Paco Salinas, que actúa de comisario de Fotoencuentros desde sus inicios, afirma que estamos ante «una programación en la que exhibimos la obra de fotógrafos documentales, que se aproximan a fenómenos que podemos llamar festivo-cotidianos, porque en una revisión actual pueden aproximarnos a otras lecturas».

Y habría que quedarse con la impresión de que, más que ese apuntado ritmo festivo-cotidiano, se hallan otros síntomas mucho más diferentes que ese exclusivo tinte de festival. La exposición de Las Claras sobre 'La familia y la comida en Europa' conlleva, sí, un rasgo de cotidianidad, incluso de ordinariez, porque el tema elegido es necesariamente ordinario y hasta falto de espontaneidad. Pero no impide que se capte con un una capacidad de transformación, que eleva las tomas a unas alturas de notable sentido artístico.

También en Las Claras, la escenas domésticas de Beth Yarbelle Edwards no encierran síntomas milagrosos. Su autora defiende que su propósito es lograr imágenes que, además de sentido documental, impacten por sus valores estéticos. Efectivamente, impactan, aunque pueda advertirse de que se trata de imágenes que parecen realizadas, más que con sentido de espontaneidad, con enormes medios de oportunismo.

En Los Molinos del Río, el mundo feliz de Marina del Río pretende reunir «los usos y costumbres», las actitudes de la diversidad humana, ante los amigos o la familia. Por eso, el contenido se basa más que en captar acontecimientos festivos, en reflejar las reacciones del pueblo ante tales manifestaciones.

Por otra parte, para Txema Salvans, con los 'Grandes éxitos' que presenta en el Centro Cultural de Cajamurcia, en Cartagena, y que, en realidad es un recorrido por las costas del Mediterráneo, lo importante es captar «el sol y la playa, la construcción, la especulación urbanística, el consumo y la estética del ocio».

También por la costa, pero estadounidense, se despliega la acción de Naomi Harris, quien en el cartagenero Palacio Molina muestra, como algo habitual, «el intercambio de parejas heterosexuales, homosexuales y visuales», algo habitual -se afirma- en las fiestas que se organizan en domicilios particulares.

Puertas de Castilla acoge el 'Cóctel' de Marina del Mar, quien agita el mundo de la 'jet-set' y dispara «las flechas certeras en una diana que no juzgan, sino que dejan que seamos los espectadores los que apreciemos el tono vital, las poses y aderezos que estas personas usan como signos de pertenencia a su tribu».

En el mismo espacio, Mateo Pedreño se ocupa de captar las populares romerías, en las que ha encontrado, afirma, «no solo que estaban vivas, sino que van en auge», acaso porque en ellas priman los aspectos festivos más que el sentido religioso.

 

Transfiguraciones

En Art Nueve, Pablo Genovés juega a transformar las imágenes en signos catastrofistas, «con estampas antiguas que el artista rescata y transfigura». En La Aurora, Carmen Baena va enhebrando figuras, que aparecen inmersas en posturas llenas de meditación, demostración e ingenio.

En la cartagenera Galería Bambara, Virginia Bernal transforma sus escenarios, a la búsqueda de un sentido distinto al usual. Pretende enfocar la normalidad, pero de un modo nada normal.

En Galería Bisel se expone la historia, la evocación de figuras de otros tiempos, con signos de tipismo ancestral y con la presencia de personajes que protagonizaron momentos de plenitud en la ciudad marina.

Fotoencuentros se cierra con las hagiografías de Alberto Adsuara en Detrás del Rollo. Es un realismo pletórico, intenso, formado por «estampas sagradas», tomadas de escenas históricas, pero realizadas en la actualidad.

En resumen, Fotoencuentros es un síntoma de variedad fotográfica, con capacidad de satisfacer las más distintas apetencias.

La fotografía siempre ha demostrado sus posibilidades para enaltecer los momentos más ordinarios. No es lo mismo contemplar en directo las circunstancias que nos rodean, que admirarlas en el espacio que la fotografía ha captado. Fotoencuentros es un ejemplo. Además, hay variedad para elegir y opinar.

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