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El norte de Castilla. Jueves 30 de junio de 2011.

Figuras sobre papel

Una antológica reúne en Las Francesas obra gráfica original

del escultor Henry Moore

Estudios de Henry Moore sobre las manos expuestos en Las Francesas. :: GABRIEL VILLAMIL 

MARÍA AURORA VILORIA | VALLADOLID. «Cuando dibujas, miras algo mucho más intensamente», escribió Henry Moore después de confesar que siempre había amado expresarse con el lápiz. Ahora es posible conocer la faceta de pintor del gran escultor británico del siglo XX a través de una exposición antológica de obra gráfica original realizada para la sala municipal de la Iglesia de las Francesas que es, además, la primera organizada en España, según su comisario, José Fermín Serrano [Director de La Galería de Arte La Aurora].. Muestra el trabajo de estampación sobre papel del artista a través de una selección de cincuenta grabados de tiradas muy pequeñas, firmados y numerados, que son el resultado de la experimentación con diversas técnicas, litografías, aguafuertes y aguatintas, y representan el ideario y el temperamento de su autor.

Fechadas entre 1951 y 1983 y cedidas por la Fundación Moore, representan los diversos estilos, en ocasiones combinados, a los que el artista dotó de personalidad, desde el arcaísmo inicial al surrealismo e incluso la abstracción. La mayoría de estas obras, que permitían a su autor mantener el contacto directo con la materia dura cuando realizaba el trabajo en la plancha, están protagonizadas, igual que las esculturas, por la figura humana, en ocasiones fragmentada o convertida en troncos de los que surgen nuevas ramas. Divididas en series, destacan las maternidades, uno de los temas preferidos desde que, tras los abortos que sufrió su mujer, nació su única hija, Mary. Las dos protagonizan muchos de los grabados que reflejan la vida familiar y describen la relación de la madre con el niño e, incluso, la colaboración en los estudios de la pequeña, que también está sentada en un pupitre y leyendo en la ventana.

Hay además figuras reclinadas o en habitaciones oscuras y parejas, junto con una serie dedicadas a las manos del artista en permanente movimiento y que, a veces, se unen. Muchas de estas obras son bocetos para futuras esculturas que comenzaban con un dibujo que después Moore grababa y demuestran también la afición del artista por la naturaleza, expresada con bosques, árboles, ramas, cavernas y piedras que danzan, además de arquitecturas en Doonway y varias litografías que describen Stonehenge, ese lugar mítico que enlaza con el pasado y la leyenda. La mayoría son en blanco y negro, en ocasiones roto por un toque cromático, aunque hay algunas en color, dominado por azules y amarillos.

Monumentos 

Los grabados, que a Serrano le recuerdan a los clásicos de Goya, Rembrandt o Durero, tienen una gran fuerza y un extraordinario atractivo. Son como la otra cara de la obra de Moore (1898-1986), quien destacó por la abstracción de sus esculturas de bronce y mármol. Al principio las hacía con tallado directo y más tarde en arcilla o yeso que pasaba posteriormente a metal mediante el moldeo a la cera perdida. Para complacer a su padre, trabajó como maestro hasta que fue movilizado durante la Primera Guerra Mundial. Al regreso de Francia, donde fue herido, comenzó a estudiar en la Leeds School of Art y posteriormente en el Royal College de Londres. Fascinado por las esculturas griegas, el arte africano y especialmente el precolombino, fue, según explicó el comisario, el primer contemporáneo que hizo agujeros en sus piezas y les dio volúmenes diferentes. Admirador de Cezanne, Picasso, Modigliani y los renacentistas, en 1933 entró a formar parte de Unit One, un grupo de vanguardia que integraba a pintores, escultores y arquitectos, y se acercó a los defensores del surrealismo, a pesar de que su doctrina nunca le convenció plenamente. En 1940, durante los bombardeos de Londres, el Gobierno le encargó que plasmara sobre papel a quienes se refugiaban en las estaciones del metro, dibujos con los que volvió a un estilo más naturalista, aunque nunca, a pesar de su aproximación a la abstracción, abandonó la figuración, como demuestran las series de la exposición. El Premio Internacional de la Bienal de Venecia de 1948 le dio fama internacional y comenzó a recibir encargos para realizar obras públicas, como las figuras reclinadas de la Unesco de Partís o el Lincoln Center de Nueva York.

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