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La Verdad. Martes 26 de julio de 2011.

ENTREVISTAS

José Fermín Serrano: «Me iría de cañas con Belén Esteban»

Jose Fermin en Moto

José Fermín Serrano,
sobre su moto en la Plaza de la Aurora
:: VICENTE VICÉNS / AGM

1. ¿Un sitio para tomar una cerveza? La Palette, en una hermosa esquina del Barrio Latino de París con cerveza muy bien tirada, aunque a siete euros.

2. ¿Qué música le suena en el móvil? El ladrido de un perro.

3. ¿Un libro para este verano? 'Mis galerías y mis pintores', de Daniel-Henry Kahnweiler, que fue marchante de Picasso y Juan Gris, entre otros.

4. ¿Un consejo? Fuma tabaco de liar.

5. ¿Facebook o Twitter? Facebook.

6. ¿Le gustaría ser invisible? Como a todo el mundo, todos somos unos cotillas.

7. ¿Sus héroes/heroínas de ficción? Tintín.

8. ¿Un epitafio? Aquí yace José Fermín Serrano Peña, exorcista, fantasmólogo y galerista.

9. ¿Qué le gustaría ser de mayor? Cosmonauta.

10. ¿Tiene enemigos? Imagino que sí, pero no soy tan importante como para ello.

11. ¿Lo que más detesta? Unas sardinas mal asadas.

12. ¿Qué es lo peor del verano? Que no se venden cuadros.

«Irse de cañas se puede hacer con todo el mundo, aunque sea por curiosidad; siempre se aprende algo o, por lo menos, te refrescas»

Complicado y afanoso esfuerzo debe ser el de intentar vender un 'tàpies' y conseguirlo, sin desfallecer en el intento y sus negociaciones más o menos enrevesadas. En esas labores está desde hace años José Fermín Serrano, melillense del 57; su padre era militar. Allí estaba destinado y allí nació él (por cosas del destino, valga la redundante ordenanza). Una «escuela de la diferencia», recuerda, con un punto de nostalgia, de esa ciudad fronteriza. Apasionado del arte y sus trastiendas. Un señor optimista «cien por cien». Director desde hace diecisiete años de La Aurora, que en tiempos de crisis ha decidido ampliar su espacio. Viajero. Su próximo destino: Perú.

-Vender arte, o intentarlo, ¿no es un negocio muy raro?

-Puede parecerlo. Mi padre, al principio, pensaba que yo era contrabandista o algo parecido. Pero se dio cuenta de que se trataba de un lugar muy limpio y educado. Una vez que estás dentro del negocio compruebas que existe una demanda real, que existe gente, nunca una mayoría, interesada por el arte y por adquirir cuadros. Un trabajo como otro cualquiera, quizá un poco más entretenido que el de oficinista.

-Y, ¿cómo se metió usted en este lío?

-Yo comencé a trabajar en una galería de Madrid con veinte años mientras acababa la carrera, así que cuando llegué a Murcia ya tenía quince años de experiencia y contactos en el negocio. Había estudiado Periodismo, pero mi vida consistía en vender cuadros, realmente no sabía hacer otra cosa.

-¿Resistir es vencer o solo resistir?

-El negocio del arte es siempre resistir. Al margen de los grandes nombres, las grandes firmas y las grandes subastas, aquí no hay triunfos reseñables. Resistir no es poco si además trabajas en lo que te gusta y puedes vivir de ello. Mantener cualquier negocio, en estos días, es un disparate y un esfuerzo enorme… pero si somos serios, lo duro es otra cosa. El mundo occidental, incluso los griegos, está muy bien. Yo he nacido en Melilla y sé qué es y qué supone nacer diez metros más allá de la frontera; en un lugar donde existían, y aún permanecen, enfermedades como el cólera o la tosferina. Hoy cruzas esa misma frontera y te encuentras con paralíticos, poliomielíticos y ciegos en todas las esquinas. En este lado somos unos privilegiados y eso no hay que olvidarlo nunca.

-¿Qué es lo último que ha comprado?

-Una escultura (un asombroso neumático aplastado realizado en mármol) del italiano Fabio Viale, uno de los grandes maestros del hiperrealismo en mármol; y unos grabados de Picasso (realmente hermosos).

-¿Se acuerda de lo primero que consiguió vender?

-En Madrid, un grabado de Rufino Tamayo; en Murcia, por un encargo, un cuadro de un pintor impresionista catalán bastante desconocido llamado Baldomero Gili y Roig.

-Entre tanto cuadro, ¿acaba uno liándose el lienzo a la cabeza y convirtiéndose también en coleccionista?

-No. Yo tengo muy claro que lo que entra en la galería es para ser vendido. Bastante tengo con las obras sin vender que guardo en la galería. En ocasiones cuelgo temporalmente un cuadro en mi casa. No tengo ningún afán de coleccionismo ni ningún 'hobby', yo soy galerista las veinticuatro horas del día, sin parar; soy un alienado de mi trabajo.

-¿Hay coleccionismo de arte en Murcia?

-Sí. Gente que, poco a poco, va armando una pequeña colección.

-81,9 millones de euros por un 'picasso'. ¿Nos hemos vuelto todos locos de remate?

-Realmente eso no tiene nada que ver con el arte sino con las finanzas y la publicidad y el autobombo que el rico de turno, el multimillonario ruso o el jeque árabe se quiere dar a sí mismo. Una manera de decir 'yo sí puedo y los demás no'; un símbolo de poder y ostentación.

-Los artistas, en general y alguno que otro en particular, ¿no son gente extraña y extravagante, quizá no peligrosa pero sí peculiar?

-Quizá cuando los artistas eran artistas y los marchantes eran marchantes. Ahora son señores que quieren pagar su hipoteca, la luz y el colegio de sus hijos, como todos los demás, al que no le interesa nada la bohemia y sus consecuencias. El último extravagante público fue quizá Dalí, que era millonario. Damien Hirst, por ejemplo, es un señor que quiere epatar al personal pero que él no es nada excéntrico.

-¿Usted se compraría un tiburón metido en formol?

-De ninguna manera. Eso es más publicidad que arte. El arte que no transmite emociones no me interesa absolutamente nada.

-¿Hay mucho cuento chino?, con perdón de los chinos.

-Sí. Pero las que promocionan cuentos chinos son las políticas culturales, los museos y las bienales, que son los que destinan mucho dinero a incentivar y promover un tipo determinado de arte que corre el riesgo de pasarse de moda. Con la crisis todo ese tipo de fenómenos financiados con dinero público tienden a desaparecer, y no creo que los echemos de menos.

-A usted, ¿qué le divierte?

-Ir al estudio de los artistas, comer con ellos, viajar, aunque sea por trabajo... y lo que le gusta a todo el mundo: comer salmonetes y esas cosas.

-¿Dónde se refugia?

-No me gustan mucho los refugios ni creo tampoco en los paraísos. Cuando quiero estar solo, que tampoco es muy a menudo, salgo de paseo con mi perro o me doy una vuelta con mi moto (una reluciente Triumph Bonneville).

-Sus hijos le dan a la esgrima; ¿usted como anda de floretes y otros aceros?

-Bien. Yo comencé a practicar esgrima en el Casino Militar de Melilla con trece años y después en el Casino Militar de Madrid. Me defiendo, aunque nunca fui excesivamente diestro; unas veces ganaba y otras perdía. Es un deporte en el que solo necesitas a un colega, a un oponente, y no tienes que buscar a otros veinte tíos y montar un 'pitostio' como en el futbol.

-¿A quién le haría un 'siete'?

-A la política cultural autonómica de los últimos 17 años. El último consejero es igual que todos, pero con pasta.

-¿Typical o no-typical?

-Yo, typical totalmente.

-Haga una pintada (no le está viendo la autoridad competente).

-¡Ricos, comprad cuadros!

-¿Qué le deja perplejo?

- Que la gente se haya estado manifestando por la bajada de sueldos en la Gran Vía y eso no haya repercutido a la hora de votar. Me asombra el olvido veloz y constante de casi todo.

-La humildad, ¿sirve para algo?

-La humildad, la honradez y la honestidad… todo eso que nos enseñaron nuestros padres son valores que es necesario recuperar urgentemente.

-¿Dónde se compra las camisas? Y que conste que a mí me gustan, algunas.

-En los aeropuertos, donde uno tiene mucho tiempo para comprar camisas.

-¿Qué le importa un pepino?

-Nada me importa realmente un pepino; todo tiene su punto de interés y todo nos afecta; y eso es algo que nos pasa a todos, tanto en política como en los programas más insólitos de la televisión. Somos mucho menos escépticos de lo que parecemos.

-Los murcianos han escogido para irse de cañas, según una encuesta bastante extraña, a David Bustamante, ¿tenemos remedio?

-Si me preguntan si me iría de cañas con Belén Esteban, también diría que sí. ¿Por qué no? Aunque sea una vez, repetir ya es otro cantar. Otra cosa es qué me dirían si quiero pasar la noche con ella. Pero irse de cañas se puede hacer con todo el mundo, aunque sea por curiosidad; siempre se aprende algo o, por lo menos, te refrescas.

-¿Es usted un sentimental?

- No, para nada, ni sentimental ni duro; soy un tipo corriente.

-Para no ser un 'duro', tiene por ahí colgada una foto en la que aparece junto a un tipo que se parece mucho a Clint Eastwood...

-Es Clint Eastwood.

-¡Perdón! (o sin él).

- No soy nada mitómano, pero es Clint Eastwood. Me lo encontré, por casualidad, en una galería de arte en Atlanta y me hice una foto con él. También tengo fotos con Günter Grass, Chillida o Miró… pero a los artistas no les reconoce nadie.

-¿A usted qué le alegra el día?

-Lo único que me alegra es vender cuadros.

-Y, ¿está alegre?

-Yo siempre estoy contento.

-¿Queda en este tiempo algún resquicio para el optimismo?

-Que los resquicios te pillen siempre trabajando.

-¿Qué le indigna?

-Lo que le indigna a los indignados y a los demás, esas pequeñas cosas que no funcionan, ya sea en la política o que cuando llamas a Movistar te pasen con cinco teleoperadoras y luego te cuelguen, que la gente escabulla el bulto… todas esas pequeñas cosas que juntas se convierten en muy molestas e importantes.

-Y de la política cultural local y autonómica, ¿qué me cuenta?

-Todo según lo previsto. Después de grandes fastos sin sentido, en los que se han gastado varios millones sin que quede nada para la Región ni para su proyección exterior, ahora vienen las rebajas. A la gente no le gusta más el arte, no acude más a las exposiciones, no compra más arte… no se ha logrado nada en absoluto. Debe ser que los políticos son así. Si la Consejería de Cultura fuera una empresa privada ya habría echado la persiana. Creo que sobran los ministerios y las consejerías de Cultura, con un gestor y algunas leyes eficaces sería más que suficiente.

-Según un sorprendente estudio, de Eroski Consumer, el Museo de Bellas Artes de Murcia ha pasado de 31.345 visitantes en 2009 a 100.952 en 2010. ¿Se lo cree?

-No y además es imposible. Eso supondría más de 300 visitantes al día y solo hace falta darse una vuelta por el museo. En las inauguraciones de exposiciones temporales no hay más de 40 personas, entre parientes, amigos y curiosos. Seamos serios, por favor.

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