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Elvira Carrasco (1990) nace en una pequeña aldea de la provincia de Cuenca, España. Desde niña se encuentra abrumada por pinturas, esculturas, dibujos y libros que serán tan influyentes e importantes en su punto de partida como su propia investigación, a través de la cual descubre técnicas que años más tarde no dudará en emplear. En Valencia, monta un estudio en su salón, el cual le permitirá investigarse a sí misma y conocer sus propios límites. Es en esta época cuando descubre que el autorretrato es una gran forma de comunicarse, crea escenarios en los que ella es la protagonista y descubre que puede construir escenas fantásticas con muy pocos recursos. Su enorme creatividad le permite tener la mente activa y conseguir plasmar ideas que sin su cámara nunca podría materializar. Elvira siente que sigue jugando, que es libre. Es uno de esos días en los que trabaja consigo misma cuando decide experimentar pintando su propio rostro con pintura. Como si fuera un milagro, descubre que acaba de inventar una nueva forma de comunicación con el espectador y que, la pintura sobre su rostro es el siguiente paso a explotar. Picasso decía “La inspiración te encuentra trabajando”, y así le ocurrió. Meses después de haber comprado su cámara, fue consciente de que el objetivo de todo ese proceso era descubrir el proyecto por el que hoy en día Elvira es conocida.

Así nace “Faces Project”, un proyecto innovador, rompedor y fresco, fruto de la constancia y de la creatividad, de la investigación y el azar. Su proyecto, es una propuesta de autorretrato artístico en la que se desarrolla el “Body Art”, término que define al uso del propio cuerpo como soporte artístico o lienzo. Los artistas investigan acerca de su propia imagen desde la Prehistoria, donde encontramos pinturas rupestres que representan manos humanas tanto en positivo como en negativo. También es de sobra conocido este tipo de pintura en tribus de África, Australia o Sudamérica, donde se pinta el rostro y el cuerpo con diferentes colores extraídos de minerales, vegetales o animales  para conseguir distintas tonalidades. Estas pinturas se emplean sobre todo para celebrar rituales ceremoniales, de caza, eventos, fiestas o simplemente representan un estatus social y, al igual que lo hacen estas tribus, Elvira también emplea sus manos y dedos para aplicar la pintura sobre el rostro y crear su propio ritual. Las formas que estas tribus utilizan suelen ser líneas, círculos o incluso representaciones de animales y cada tribu tiene una forma exclusiva de pintarse, cada color o dibujo que se representa, permite cambiar totalmente la identidad de la persona, algo parecido a lo que ocurre cuando Elvira cubre por completo su cara y se camufla ante nuestros ojos. En definitiva, la técnica del “Body Art” se ha ido desarrollando a lo largo de la historia y fue muy importante alrededor de los años 60 en Europa, con referentes como Yves Klein, quien pintaba todo el cuerpo a sus modelos para después plasmarlo en grandes superficies que dejasen evidencia de estos cuerpos desnudos.  

Las texturas que la artista genera en sus creaciones, dependen de la acuosidad de la pintura. Trabaja con colores más o menos líquidos para crear diferentes planos y se sumerge en el “Action Painting”, una corriente de abstracción pictórica que nace a finales de 1940 y cuyo máximo exponente será Jackson Pollock. Elvira le da importancia al uso de los colores y a su aplicación, generando movimiento según cómo se utilice la pintura. También le importa la velocidad a la que esta pintura es proyectada sobre su rostro, juega con el estudio previo del color y con el azar, lo cual hará que el resultado final sea siempre una sorpresa guiada por la energía que ella desprende. La artista utiliza técnicas como el dripping, frotados, empapados, explosiones de color que llenan su rostro con gran frenesí. En cada una de sus creaciones, se puede observar cómo la pintura está en diferentes planos, incluso, si queremos, podemos jugar a adivinar qué color se empleó primero y cuál después para obtener el resultado final. Elvira quiere que cuando el espectador se acerque a sus fotografías, con la textura de la pintura, sea capaz de intuir las tres dimensiones.

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