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GOYA

Los Disparates

II Edición completa

1875

A partir del 10 de septiembre.

Entre 1815 y 1816, Francisco de Goya empezó la serie Los Disparates, en la que con su característica ambigüedad a la hora de realizar grabados, juega con las metáforas y las múltiples interpretaciones que pueden percibirse a través de sus personajes perturbadores, envueltos en un entorno oscuro que consigue hacer más misterioso gracias a la introducción de la aguatinta combinándola con el aguafuerte y la punta seca trabajando en ellas con el buril. La calidad de las imágenes de Goya, además de en su gran calidad artística, reside en el proceso de creación de las planchas, en las que invirtió mucho dinero para una mayor calidad a pesar de que su condición económica no era muy elevada por entonces. Estuvo realizando esta serie hasta 1819, ya que una enfermedad -se sospecha que tifus-, le impedía trabajar con todas sus capacidades, aunque pintaba a la vez sus Pinturas Negras. Entre el exceso de trabajo a sus más de setenta años y la gran crítica que escondían Los Disparates, las planchas quedaron sin estampar. En 1823, año en el que comenzó la época de reinado de Fernando VII, decidió dejar atrás la represión y marcharse de España. Y tras un tiempo cobijado en casa de un amigo, se instala en Burdeos. Dos años después se le diagnostica un tumor, y en 1828, una caída en las escaleras de su hogar le deja inmóvil hasta que fallece ese mismo año. Jamás llegó a ver sus grabados estampados, quedando inéditos hasta 1864, cuando la Real Academia de Bellas Artes realiza una primera edición bajo el título Los Proverbios. En 1875, la Calcografía Nacional de la Real Academia de Bellas Artes, realizó esta segunda edición que puede verse -casi 140 años después de su estampación- en la Galería La Aurora.

Goya siempre fue un adelantado a su tiempo en todos los aspectos, tanto en su forma de ver el mundo, como en sus procesos artísticos. En 1872, una grave enfermedad le había dejado sordo. Probablemente el saturnismo, enfermedad que padecieron varios pintores, ya que se trata de una intoxicación con plomo. Beethoven quedó sordo debido a la misma enfermedad, pero su intoxicación con plomo fue a causa de ingerir agua de un arroyo contaminada con dicha sustancia. La sordera de Goya lo convirtió en una persona mucho más solitaria y reflexiva, en la que abstraído del resto del mundo, comenzó a analizar más detenidamente la sociedad en la que vivía y sus propios pensamientos como podemos ver en estos Disparates, en los que a través de sus imágenes reflexiona sobre diversas cuestiones.  Las escenas representadas fueron realizadas a principios del siglo XIX, y en cambio pueden trasladarse al siglo XXI, ya que esos mismos pensamientos pueden interpolarse en nuestra era. Por ejemplo, en Modo De Volar, puede verse el afán del ser humano de ir más allá, de avanzar, de que cosas como volar no se queden en un sueño frustrado; en Disparate Ridículo vemos a varias mujeres sobre la rama de un árbol, en la que se puede hablar de la fragilidad sobre la que nos sostenemos, intentando apoyarnos unos en otros; en Las Exhortaciones reflexiona sobre la infidelidad, donde los personajes implicados son juzgados por demasiadas personas; en Caballo Raptor aparece una mujer que nos evoca los diversos raptos que se han representado en el mundo del arte reconstruyendo historias mitológicas, desde el rapto de las Sabinas, de Proserpina o de Europa, todos ellos vinculados siempre al erotismo, aunque mirando detenidamente el fondo de esta obra, a simple vista podría parecer un paisaje, pero en realidad son dos enormes ratas, una de ellas metiéndose a una mujer en la boca; de este modo, Goya rompe con la sensualidad que se ha asociado a este tipo de representaciones introduciéndola en un mundo oscuro. Y así hasta dieciocho intensas obras con múltiples interpretaciones, serie que quedó inconclusa. Desconocemos la intencionalidad del artista en Los Disparates, ya que recoge diversos temas que no están relacionados entre sí y son complejos a la hora de su interpretación. Puede teorizarse sobre ello, ya que no existen escritos del propio Goya donde nos la indique, pero lo que sí está claro, es que podemos seguir disfrutando del placer que supone contemplar las obras de este magnífico pintor y grabador que filosofaba a través de sus imágenes.

Maria Jose Riquelme Martinez.

 

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