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La Verdad. Sábado, 11 de junio de 2011.

Incógnitas y tradiciones.

'Variación 2', grabado de Tàpies. 

El modo de Tàpies de interpretar ha quedado como un mito, para bien y para mal

Las estampas de la pasada vida en el campo muestran lamentables signos de abandono 

Intentar, a estar alturas, decir quien ha sido y quien es Antoni Tàpies; definir cómo es su pintura o explicar por qué es así, sería asunto tan manido como aburrido, por más que estemos ante un pintor que lleva en los entresijos de su arte y de su personalidad el afán de dejar sueltas interrogantes a las que cada cual debe responderse. Los grabados que ahora muestra en Galería La Aurora son similares a tantas obras, que se han visto ligadas, por lo general, a muchas más expectativa que lo que cada una representa.

Sobre Tàpies se ha escrito cuanto se quiera escribir, y bien sabe él que su obra debe encerrar constantemente un cierto contrasentido, capaz de mantenerla llena de vitalidad, aunque ya no expuesta a escandalosas opiniones. Sabe cuándo debe hacer que sus cuadros trasciendan más allá de esa incógnita que suele brotar en ellos, como la huella sobre la que se basan, al margen de los negativos -aunque sutiles- juicios que también pueden acaparar. Siempre ha utilizado Tàpies el don de la atracción, como arma incuestionable, como primera baza a jugar para que el espectador se interese de un modo u otro de lo que sale de su ágil creatividad.

Esto ha sido, posiblemente, uno de los recursos que más favorablemente ha jugado, de modo que su obra haya alcanzado el interés y el contrasentido que le ha ido proporcionando la opinión de los espectadores. Por esto, afirmaba el artista que cualquier arte es «inconcebible sin espectadores». Siendo así, no le ha coartado nunca el tono que podían encerrar sus juicios.

La exposición que ahora ofrece La Aurora contiene una serie de grabados en los que aparece el trazo, la estampida, la llamada «huida de los pinceles», para desembocar en una serie de espontaneidades, que muestran todo el matiz tapiano; y, además, el más perseverante y conocido.

Actualmente, enfrentarse a una concepción más formalista del pintor -en la que también se ha mantenido con elevado decoro, como ha asumido el propio artista- sería encontrase con unos signos, con unas representaciones que llegarían a escandalizar a ese imprescindible espectador, porque se preguntaría: ¿es éste el Tàpies auténtico, que todos conocemos?

Ese casi legendario sentido tapiano de hacer y de interpretar ya ha quedado como un mito, para bien y para mal; como un presumible misterio para sus fervorosos defensores -acaso para el propio pintor- y como un desliz continuo para quienes quieren limitarse a ver en la obra de Tàpies la imagen calcificada.

Uno cree que lo interesante es que se trata de una manera de decir que no necesita comprensión. Sobre ella hay que dejar que el pensamiento vague a lo largo de un laberinto de imágenes que, aunque desprovistas de sentido concreto, expanden la posibilidad en jugar al acertijo. Y, sobre todo, tienen la nobleza de que perturban, sin la necesidad, imprescindible para muchos, de buscar el escándalo fácil y vanagloriado.

Algunos grabados son entes y objetos indefinibles, que parecen realizados de un solo trazo. Es suficiente, porque cada trazo descubre todo un estilo: el de Antoni Tàpies.

Etnografía 

En Molinos del Río se ofrecen las imágenes seleccionadas y premiadas en el concurso de fotografía 'Murcia: Etnografía, Cultura y Tradiciones'. Hay una serie que recoge testimonios del patrimonio rural. Y es un encanto y, a la vez, un dolor contemplar los vestigios de nuestra reciente historia, que permanecen prácticamente olvidados a lo largo y ancho de nuestra región. Ermitas, antiguos edificios y estampas de la desaparecida vida en el campo, como aljibes o molinos, muestran los más lamentables signos de abandono, junto a labores tan meritorias pero, en realidad, desaparecidas, como la artesanía del esparto o las hechuras del queso casero.

Algo similar sucede con la sección de fotografía actual, en la que también puede contemplarse el ejercicio de labores insólitas o prácticamente desaparecidas -como la pisada de la uva- junto a festejos, que en no pocos pueblos mantienen la preponderancia que la tradición les ha ido concediendo. Otras fotos recogen hermosas superficies, llenas de serenidad, aunque no siempre de riqueza. Sobre la faceta dedicada a la fotografía histórica podría decirse que es un resumen de lo que contienen no pocos libros versados en la materia.

Es, en resumen , una de esas exposiciones que, tanto por los motivos, como por la cercanía, desprenden emoción; para los mayores, porque está impregnada de recuerdos; y para los jóvenes, porque puede ser un estímulo que los impulse a recuperar, todavía, muchas cosas condenadas a su perdición definitiva. 

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