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La Verdad. Viernes 10 de diciembre de 2010.
Tres navegan juntos
Manolo Belzunce, Ángel Haro y Miguel Fructuoso muestran su obra africana en la galería La Aurora

tres navegan juntos

Obras de Manolo Belzunce ('Parrillada'), Miguel Fructuoso y Ángel Haro que forman parte de la exposición 'Índico'. :: GLA

Tres miradas, tres viajes que son el mismo viaje y tres formas obsesivas y distintas de interrogar al paisaje. El resultado: tierra, fuego y geometría. Así son las visiones de Manolo Belzunce, Ángel Haro y Miguel Fructuoso. Tres maneras de observar y retener y masticar la realidad, de memorizar el territorio, de crear una red propia de instintos y sensaciones. Tres artistas de tela, madera, papel y pincel: tribales, de antiguo y ritual oficio; que viajan para mirar en muchas direcciones. Pintura física, orgánica y rítmica; más allá de vanguardias y retaguardias. Mapamundis calientes. Curiosidad es la palabra clave, la que abre todas las puertas, la que nos permite ver vivencias, cenas junto al océano, fuego nocturno, el inicio de la selva... lo que está y no aparece en estos cuadros.

Tres artistas nómadas que se han impregnado del paisaje, la arena, las cunetas, el color y la luz de Mozambique. Tres occidentales, tres blancos tostados pintando a orillas del Índico sur, en el pueblo de Tofo, sin prejuicios y contra los tópicos y sus mercaderías exóticas. Lo divergente de sus propuestas hace más atractivo el conjunto. A esas tres miradas se suma la del cineasta Carlos Belmonte con una bitácora visual, un documental sobre estos tres pintores viajeros en tierra extraña que pintan 'como Pedro por su casa'.

La mirada hacia abajo en la obra de 'B, el africano'. Pintar de pie con el papel en el suelo. Pintar desde la cintura, como un agricultor antiguo, un recolector de colores. Ese ademán esconde el compromiso de agacharse para sembrar y surcar; y también para recolectar. Hay que tener mucho paisaje a las espaldas para pintar así, y así Belzunce ha cimentado su cartografía africana; de esta manera, un tanto incómoda, Belzunce ha construido un territorio íntimo, una saudade tropical.

Belzunce pinta África como pinta la vida: en pequeños confesionarios públicos. Como una acémila educada para la zanja: tenaz. Pinta peces como si fueran milagros, frutas abiertas como sexos. Tábanos de color: un escozor de pintura. Belzunce ha trazado la topografía de una comarca donde conviven lo lejano y lo esencial. De Mozambique queda la memoria en esas obras, también la tierra que se ha pegado al papel, pero sobre todo lo que allí aparece es una obsesión, la obsesión por pintar, en todas las latitudes, de Manolo Belzunce.

Ángel Haro remueve las ascuas de una hoguera de pintura en sus 'Nocturnos'. Reivinidica de nuevo en esta obra el «don de imaginar». Como si el mundo fuera crepúsculo. Una geografía caliente, algo que palpita en el cuadro; una danza acaso; un remolino de tierra y pigmentos que parece que ha sido labrado, apretado, amasado. «Una lectura interior del paisaje», dice Haro. Cuadros en movimiento, azarosos. Cuadros como fogonazos.

Miguel Fructuoso ha realizado arquitecturas lúdicas, andamios de color en una especie de cuaderno de viaje en muchas direcciones, con ficciones y realidades; como la vida misma y sus pedanías. Lo mismo aparece Mortadelo con chistera que una máscara sonriente con cuernos de gacela; ídolos de una tribu parcial.

Pasión africana en tres miradas tranquilas que ya piensan en el nuevo viaje.

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