galerialaaurora

La Verdad. Viernes 18 de junio de 2010

Tanta belleza perjudica la salud 

Imágenes frías y, a la vez, muy calientes; tan nítidas que parecen falsas, delicadas y con una atmósfera de decorado. Recargadas y limpias. Perfectas. Atrezo impecable. Muy bellas mujeres con poses antiguas y objetos modernos (perros mecánicos, bolas chinas, cubos de Rubik, monedas de chocolate, patitos amarillos de goma, ecografías, huchas en forma de cerditos chinos, donuts, exprimidores, mp3, ordenadores de última generación, videoconsolas). Historias por armar y desear. Una desnudez joven, rotunda, excitante, hipnótica.

Fotografías de Mariano Vargas (Algeciras, 1964) que reinventan (o recomponen) el canon de belleza en la serie 'Soltanto Madonne', en la galería La Aurora de Murcia. Reconstruye, con una mirada nueva, dicen que elegante (lo cual no deja de ser una provocación en tiempos de feísmo imperante; ¡qué cosas más definitivamente feas se exponen por el cada vez más 'googleado' mundo!), cuadros de Van Eyck, Fra Angelico, Boticcelli, Leonardo, Veronés, Boucher, J.W. Waterhouse, Fragonard, Ingres… Puntiaguda pinacoteca de quien ha sido seleccionado por la editorial Taschen como uno de los mejores fotógrafos eróticos de la actualidad y ganador en 2003 del Erotic Book Award. Mariano Vargas juega a rasgar la virginidad de los clásicos.

La belleza excesiva acaba en alejamiento, la perfección incomoda y asusta y nos distancia de lo deseado; ocurre así con diosas y dioses (deseables) siempre definitivamente intocables en sus cielos o en sus peanas. Todo es demasiado bizantino. Todo está demasiado depilado: la luz es exacta y calibrada, las poses están milimetradas, los dorados tienen el fulgor necesario, las mejillas aparecen con el rubor preciso, las miradas se asoman con el interrogante recién dibujado, los pechos poseen un candor, malicia y geometría irreprochables. Pero tanta rotundidad pulida agota, empalaga, desarbola. Al final, tras el arrebol inicial, uno acaba preguntándose ¿qué es la belleza? y, sobre todo, ¿por qué, en ocasiones, preferimos, sin dudarlo un segundo, lo artificial a lo real?, ¿qué es lo real? ¿Por qué somos sumisos a la seducción exacta?, ¿quién nos dictamina el deseo estético, además de la testosterona?

Sin prejuicios se muestran estas estudiadas madonnas con el toque pícaro de un erotismo honesto, pero la sensación final es enojosa, como si todo lo visto no fuese más que un trampantojo, una tramoya visual. Lo más seductor son sus ropajes, los tocados y corpiños (amplios o metálicos jubones). Lo sexual se desliza hacia el adorno. ¿Por qué nos fascina que Salomé lleve en una bandeja la cabeza de Darth Vader?, ¿por qué Lucrecia está tan seductora con una pistola automática? ¿Por qué siempre nos han hechizado Salomé y Lucrecia lleven lo que lleven entre manos? No son simples objetos, son fetiches y que cada cual (y cada cuala) encuentre su juego.

Es perversa la propuesta y la apuesta satinada de Mariano Vargas. Es incómoda y ahí reside su principal atractivo. Apela a nuestro sentido de lo bello, nos remueve la tradición, escarba en la memoria de lo visto y lo admirado, de lo reconocible y lo aceptado sin fisuras. Sus imágenes nos tocan la piel del recuerdo y trastocan (trastornan) la mirada. Nos excitan y nos amedrentan, nos llevan a alguna frontera, lo cual siempre es recomendable y resbaladizo.

 

Una de las imágenes de 'Soltanto Madonne', que pueden verse en la Aurora, 'Lucrecia 2', 'Salomé II' y 'Mujer joven con espejo'. :: MARIANO VARGAS

Las cookies facilitan la prestación de nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, usted acepta que utilizamos cookies.
Más información De acuerdo